¿Cómo es, entonces, que la sociedad tiene el derecho de matar en legítima defensa de la salud pública? ¿Acaso no integran los homicidas, delincuentes, ladrones, políticos, empresarios y cualesotro que cometa un crimen la sociedad?
Sabes, el mundo ya no es mundo. Y tu libertad no es más que el zapping.
Volvé a la cama y desvestite rápido, que con suerte, te curtirás a Pampita Salazar, con sus labios de goma eva, sus tetas largas hasta las rodillas, su cerebro de telgopor, que al fin y al cabo no incluye pilas.
Enjabónate los ojos, terminando con cuantas cualesquiera que sean las lagañas en vano.
Inhala una gran bocanada de bostezo que acabe con el miedo de la calle.
Volvé a la almohada. Que el miedo a la noche sin pastillas para dormir; y el miedo al día sin pastillas para despertar te necesitan conciente y relajado.
Encendé el televisor. Qué la digestión de los que no les tienen miedo al hambre, le tienen a la comida; es imposible sin un buen programa conventillero.
Ya deja de hacerle caso a lo literal, cuando en tu vida no leíste más que Caperucita y los siete enanitos.
Cuando no te quede ni un cigarrillo por ver consumirse. Ni un pastito por romper, cuando: Pégate un tiro con una palabra, que para aferrarnos al hoyendía ya somos muchos. Y que la resignación es una marcha en contra. En contra de la contra.


